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Trimestre cerrado, trimestre olvidado

Cómo conseguir el certificado digital para tus trámites

Sin una forma de identificarte ante un ordenador no hay sede electrónica, y la sede es hoy la única puerta real de Hacienda. Cómo se obtiene el certificado, cómo se conserva y por qué nunca debe salir de tus manos.

El propietario que quería ver su propia ficha

Klaus tiene un piso en Torrox desde hace doce años y vive en Colonia. Una vecina le comenta que Hacienda ha empezado a mandar cartas a propietarios extranjeros y él quiere comprobar algo tan sencillo como qué declaraciones constan a su nombre. No puede: no tiene certificado, no tiene Cl@ve y su antiguo gestor, que guardaba «el certificado del cliente» en su ordenador, se jubiló. Lo que se juega Klaus no es un trámite: es saber si tiene una notificación esperándole con el plazo corriendo.

El certificado digital no es una contraseña ni una cuenta de usuario. Es un fichero, emitido por una autoridad reconocida, que hace dos cosas a la vez: te identifica y firma. Lo que se presenta con tu certificado se te atribuye jurídicamente a ti, igual que si hubieras firmado en papel ante un funcionario. Esa es su utilidad y también su peligro.

Tres llaves que no abren las mismas puertas

El certificado que usa casi todo el mundo es el de persona física de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, que es gratuito. El DNI electrónico lleva otro dentro, pero solo lo tienen los españoles y exige lector o móvil compatible. Y está Cl@ve, que no es un certificado sino un sistema de identificación con registro previo, pensado para el uso cotidiano.

VíaQué te permiteLo que la limita
Certificado FNMT de persona físicaPrácticamente todo: presentar, consultar, recibir notificaciones, apoderarUna acreditación presencial de identidad y un fichero que hay que custodiar
DNI electrónicoLo mismo que el certificadoSolo para nacionales; necesita el PIN y un lector o un móvil con NFC
Cl@veLa mayoría de consultas y presentaciones personalesRegistro previo, un móvil que reciba los códigos y algunos trámites que exigen firma cualificada
Apoderar a un representanteQue otro presente por ti sin tener tus credencialesPara otorgarlo necesitas alguna de las anteriores una vez, o un documento firmado

Cómo se consigue el de la FNMT

  1. Solicitud en la web de la FNMT. Introduces tu NIF o NIE, el primer apellido tal como figura en tu documento y un correo electrónico. La FNMT te pide instalar su programa de configuración, que es el que genera las claves en tu equipo. Recibirás un código de solicitud por correo; apúntalo fuera de ese ordenador. Tiempo: diez minutos. Lo que suele fallar: el apellido. Los documentos extranjeros traen a veces un solo apellido donde el sistema espera dos, o un segundo nombre registrado como apellido; escríbelo exactamente como aparece en el documento con el que obtuviste el NIE.
  2. Acreditación de identidad en persona. Con el código y tu DNI o NIE (y el pasaporte si eres extranjero) acudes a una oficina de registro: delegaciones de la Agencia Tributaria, oficinas de la Seguridad Social, muchos ayuntamientos. Suele hacer falta cita, y en la costa, en temporada, puede tardar varias semanas; pídela el mismo día que haces la solicitud. En el mostrador son quince minutos.
  3. Descarga en el mismo equipo y con el mismo usuario. Las claves se generaron en el ordenador desde el que pediste el certificado, y solo ahí puede instalarse. Si entretanto has formateado, cambiado de equipo o borrado el perfil, no hay manera de recuperarlo: se vuelve a empezar.
  4. Copia de seguridad inmediata. Exporta el certificado con su clave privada a un fichero protegido con contraseña y guárdalo donde lo encuentres dentro de tres años. Hazlo antes de usarlo para nada, porque el día que necesitas la copia es el día en que ya no tienes el ordenador.
  5. Instálalo donde de verdad lo vas a usar. Con la copia puedes instalarlo en un segundo portátil o en el móvil. Hazlo ahora, no el día 20 a las nueve de la noche.
  6. Apunta la fecha de caducidad. Mientras está vigente, normalmente puedes renovarlo en línea sin desplazarte. Caducado, vuelves a la cita presencial. Un certificado que expira en mitad de un plazo de presentación es de los problemas más evitables que existen.
No lo prestes. Ni a tu gestor, ni a tu gestora, ni a tu hijo.

Todavía hay asesores que piden al cliente el fichero del certificado y su contraseña «para presentar más cómodo». Quien lo tiene puede firmar cualquier cosa en tu nombre, darse por notificado en tu lugar, consultar todo tu historial fiscal y presentar declaraciones que nunca has visto. Si la relación termina mal, o su portátil se pierde, no hay forma de distinguir lo que hiciste tú de lo que hizo él. Para eso existe el registro de apoderamientos: nosotros no pedimos certificados a nadie.

Si vives fuera y no puedes venir

Es la situación normal del propietario no residente, y tiene salidas. Muchos consulados españoles actúan como oficina de registro para la acreditación de identidad, de modo que el paso presencial se hace en tu propio país; la disponibilidad cambia mucho de un consulado a otro, así que pregunta antes de organizar nada. La segunda salida es no necesitar el certificado para el día a día: basta con apoderar a un representante, que es la vía más limpia para lo tributario. La tercera, más pesada, es un poder notarial apostillado para que alguien actúe por ti en España, que tiene sentido si además hay banco, ayuntamiento o compraventa de por medio.

Si eres propietario no residente y quieres que nos ocupemos de tus declaraciones sin que tengas que pelearte con la FNMT, el punto de partida es el formulario de no residentes: te decimos qué vía de representación te conviene según el país en el que vives.

Cl@ve, la alternativa para el día a día

Cl@ve es el sistema de identificación común de las administraciones. Te registras una vez (en una oficina, en algunos casos por videollamada, o con un certificado que ya tengas) y a partir de ahí entras con la aplicación del móvil o con un código que recibes en él. Para consultar tus datos, descargar un justificante o presentar una declaración propia sencilla es más cómodo que el certificado. Para el no residente tiene dos pegas: el registro está pensado para quien tiene un teléfono que reciba los avisos y, en la vía de la carta de invitación, un domicilio en España donde recibirla. Y hay trámites, sobre todo de representación o que exigen firma cualificada, en los que solo vale el certificado.

Lo que suele fallar, con su arreglo

SíntomaCausa probableQué hacer
La descarga falla o no se instalaOtro equipo, otro usuario o perfil borrado entre solicitud y descargaNueva solicitud; las claves perdidas no se recuperan
Rechaza el apellidoDiferencias entre el documento extranjero y el NIECopiar el apellido tal como consta en el certificado de NIE
No hay citasOficinas de costa en temporadaProbar municipios cercanos y oficinas de la Seguridad Social
Funciona en casa pero no en otro equipoEl certificado se instala por equipo y usuario Instalar la copia de seguridad en el segundo equipo
Caducó el mes pasadoNadie lo anotóNueva acreditación presencial

Para qué te sirve aunque nunca presentes nada

Aunque tus declaraciones las presentemos nosotros, tener tu propio certificado es la única forma de leer tu expediente sin pedir permiso a nadie: ver qué se ha presentado a tu nombre, descargar tus datos fiscales, comprobar tu domicilio fiscal y revisar si tienes notificaciones electrónicas pendientes. Esto último importa más de lo que parece: una notificación depositada en tu dirección electrónica se da por hecha a los diez días naturales aunque nadie la abra, como contamos en cómo se cuentan los plazos. Y si tu domicilio fiscal sigue siendo el de hace diez años, conviene corregirlo; lo explicamos en arreglar el domicilio fiscal.

Klaus, por cierto, tardó cinco semanas en tener su certificado entre la cita del consulado y la descarga. Cuando entró, encontró una comunicación de hacía cuatro meses. No era grave, pero había vencido. Por eso recomendamos a todos nuestros clientes tener las dos cosas: el apoderamiento, para que el trabajo se haga, y su propio certificado, para mirar su expediente cuando quieran.

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