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Trimestre cerrado, trimestre olvidado

Estrategia: seguir como autónomo o montar una sociedad

Actualizada el 30 de septiembre de 2026 · por Jacob Salama Chocrón, abogado

Las preguntas que hay que responder antes, y por qué el umbral mágico de beneficio no existe.

Daniel es consultor informático en Madrid. Trabaja solo, desde casa, para tres clientes fijos, y este año cerrará con unos 90.000 € de beneficio, ya descontados sus gastos y su cuota de autónomos. En la última cena con amigos, uno le dijo que «a partir de 60.000 € hay que ser sociedad» y otro que «con una SL pagas el 25 % y ya está». Daniel ha pedido presupuesto para constituir una sociedad y antes de firmar quiere entender qué gana.

La respuesta corta es que depende de una sola pregunta: qué va a hacer con el dinero. La larga está en los números de abajo, que hemos hecho con los mismos 90.000 € en tres escenarios.

El umbral que todo el mundo conoce y que no existe

La comparación que circula enfrenta el IRPF, con tipos marginales que en la escala general llegan al 45 % y más según la comunidad, con el tipo general del Impuesto sobre Sociedades, que es el 25 %. Hay además tipos reducidos para empresas de nueva creación y para entidades de reducida dimensión, cuya escala se ha modificado en los últimos años y que hay que comprobar para el ejercicio concreto.

Planteado así, parece evidente que por encima de cierta cifra la sociedad gana. El error está en que el beneficio de una sociedad no es tuyo. Para gastarlo hay que sacarlo, y sacarlo tributa: como sueldo, en tu IRPF con la escala general; como dividendo, en la base del ahorro, que empieza en el 19 % y sube por tramos. El Impuesto sobre Sociedades no sustituye al IRPF del dinero que vas a gastar: es una capa previa.

Los 90.000 € de Daniel, tres veces

Para que los números se puedan seguir, simplificamos: usamos una escala general del IRPF aproximada, sin deducciones personales más allá del mínimo, el tipo general del 25 % en sociedades y 2.500 € al año como coste de funcionamiento de la sociedad (contabilidad mercantil, cuentas anuales, impuesto de sociedades, registro). La cuota de autónomos no cambia entre escenarios, porque un socio que controla y dirige su propia sociedad sigue cotizando como autónomo, y la dejamos fuera.

Escenario A: Daniel sigue como autónomo

Sobre los 90.000 € aplica la deducción de gastos de difícil justificación, topada en 2.000 €. Tributan 88.000 €. El IRPF aproximado es de 29.447 €. Le quedan 60.553 € para hacer con ellos lo que quiera.

Escenario B: constituye la sociedad y saca todo el beneficio

  • La sociedad le paga un sueldo de 50.000 €. Su IRPF por ese sueldo ronda los 12.407 €.
  • El beneficio de la sociedad es 90.000 − 50.000 − 2.500 de costes = 37.500 €. Paga un 25 %: 9.375 €.
  • Reparte los 28.125 € restantes como dividendo. Daniel tributa por ellos en la base del ahorro: 19 % sobre los primeros 6.000 € y 21 % sobre el resto, unos 5.786 €.
  • Total que sale: 12.407 + 9.375 + 5.786 + 2.500 = 30.068 €. A Daniel le quedan 59.932 €.

Escenario C: constituye la sociedad y deja la mitad dentro

  • Se paga 45.000 € de sueldo, que es lo que necesita para vivir. IRPF aproximado: 10.557 €.
  • La sociedad gana 90.000 − 45.000 − 2.500 = 42.500 € y paga 10.625 € de impuesto.
  • No reparte nada. Quedan 31.875 € dentro de la sociedad para invertir en el negocio.
  • Total que sale ese año: 10.557 + 10.625 + 2.500 = 23.682 €.
Un año, 90.000 € de beneficioA. AutónomoB. Sociedad, lo saca todoC. Sociedad, reinvierte
IRPF por la actividad o el sueldo29.447 €12.407 €10.557 €
Impuesto sobre Sociedades0 €9.375 €10.625 €
IRPF por dividendos0 €5.786 €0 € este año
Coste de la sociedad0 €2.500 €2.500 €
Total que sale29.447 €30.068 €23.682 €
Dinero en manos de Daniel60.553 €59.932 €34.443 €
Dinero dentro de la sociedad——31.875 €

Si Daniel necesita todo para vivir, la sociedad no le ahorra nada: le cuesta unos 600 € más al año, además del trabajo. Si puede dejar dentro la mitad, la sociedad le deja 31.875 € para invertir, frente a los 26.110 € que tendría como autónomo después de vivir con lo mismo. La diferencia, unos 5.800 € al año, es real. Pero es un aplazamiento: si algún día reparte esos 31.875 € como dividendo, pagará entre el 19 % y el 23 % sobre ellos, y la ventaja se reduce a poco.

La sociedad compensa, por tanto, cuando el dinero se queda dentro mucho tiempo y trabaja: equipos, personal, un local, crecimiento. No cuando se queda dentro esperando a que lo saques.

La letra pequeña del escenario C

La columna C parece la ganadora. Tiene tres cosas que casi nadie explica al vender la estructura.

El sueldo no lo decides libremente. Cuando toda la facturación sale del trabajo personal del socio y la sociedad no tiene medios propios que aporten valor, la retribución del socio debe ajustarse a valor de mercado. Una sociedad que factura 90.000 € por el trabajo de una sola persona y le paga la mitad puede ver discutido ese reparto. Es un terreno que Hacienda revisa con frecuencia en profesionales, y no es teórico.

El dinero de la sociedad no es tuyo. Pagar con la tarjeta de la empresa gastos personales, o sacar dinero sin nómina ni dividendo, genera una cuenta con el socio que alguien tendrá que explicar. Es la forma más rápida de convertir una discusión fiscal en algo peor.

Salir cuesta más que entrar. Una sociedad se constituye en días y se liquida en meses, con su propio coste y su propia tributación. Una sociedad inactiva que nadie disuelve sigue generando obligaciones y, si se desatienden, sanciones.

Cuándo suele tener sentido

  • Cuando una parte importante del beneficio se reinvierte de forma estable en el negocio.
  • Cuando hay socios: dos personas que comparten un negocio necesitan reglas para entrar, repartir y salir, y una sociedad las da.
  • Cuando los clientes exigen contratar con una sociedad, que es una razón comercial perfectamente válida.
  • Cuando la actividad tiene riesgos que conviene separar del patrimonio personal, sabiendo que las garantías personales que suelen pedir los bancos limitan mucho esa separación.

Cuándo suele ser un error

  • Cuando necesitas todo el beneficio para vivir, como en el escenario B.
  • Cuando el negocio eres tú y no hay medios materiales ni personas detrás.
  • Cuando los ingresos son irregulares: los costes fijos de la sociedad pesan más en el año malo, que es justo cuando menos ingresa.
  • Cuando te ofrecen la estructura antes de preguntarte qué haces con el dinero. Eso es un producto, no un consejo.
  • Cuando el año de la subida es el primero. Un pico aislado no justifica un coste permanente; si se repite tres años, la decisión se toma mejor informado y no se pierde nada, porque una sociedad se puede constituir en cualquier momento.

Lo que puedes mejorar sin cambiar de forma jurídica

Antes de plantearse la sociedad, casi siempre queda margen como autónomo: gastos que se pagan pero no se deducen, bienes que no se amortizan, un régimen que no encaja o retenciones mal ajustadas. Lo repasamos en bajar la factura fiscal sin inventar gastos y en directa, simplificada o módulos. Entre ser autónomo y ser sociedad también hay fórmulas intermedias para compartir gastos o proyectos con otros profesionales, con menos formalidades y más fáciles de deshacer. No sirven para acumular patrimonio, pero para dos profesionales que comparten despacho a veces encajan mejor que una sociedad.

Si quieres que miremos tu caso con tus números, el punto de partida es el formulario de autónomos. La comparación general entre las dos formas, con otros matices, está en la comparativa autónomo o sociedad limitada.

Las cifras de esta página son una ilustración

Hemos usado una escala del IRPF aproximada y el tipo general del Impuesto sobre Sociedades. Tu comunidad autónoma, tu situación familiar, la aplicación de un tipo reducido, tu base de cotización y lo que pienses hacer con el dinero dentro de cinco años pueden mover el resultado en cualquier dirección. No hay una cifra de beneficio a partir de la cual la sociedad compense siempre, y desconfía de quien te la dé sin haber visto tus números.

Quién lleva qué si das el paso

Nosotros trabajamos con personas físicas. Si decides constituir una sociedad, su contabilidad mercantil, sus cuentas anuales y su impuesto de sociedades los llevará tu gestor mercantil. Lo que sigue siendo tuyo, y ahí sí podemos ayudarte, es tu IRPF: la nómina que te pagas, los dividendos que cobras y el resto de tus rentas. Por eso preferimos que la decisión se tome antes, con los números de los dos lados sobre la mesa, y no después, cuando ya hay una estructura que mantener.

La pregunta que decide

¿Qué pasa con el beneficio? Si se queda en el negocio y trabaja, la sociedad merece un estudio serio con tus cifras. Si acaba cada mes en tu cuenta personal, la sociedad añade una capa de coste para llegar al mismo sitio. La segunda pregunta es cuánto tiempo vas a seguir así: los costes de entrada, de mantenimiento y de salida se reparten entre los años de vida de la sociedad, y lo que compensa en diez años puede no compensar en tres. Todo lo demás, incluido lo que hizo un amigo, es secundario.

Tu actividad de autónomo: hablemos de tus números

Cada estrategia depende de números concretos. Cuéntanos los tuyos y te decimos qué tiene sentido.

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